EL LIBRO DE LAS INFINITAS HISTORIAS
Me llamo Aurora Maceriras, tengo 13 años y regento un establecimiento dedicado a la compra y venta de libros antiguos en la cuidad de A.El negocio lo fundó mi padre, que era un gran enamorado de los libros, y siempre nos dio para vivir con un cierto desahogo. (...)
Aquella tarde, con la taza de café en la mano, mi padre tenía en sus ojos un brillo del que casi no me acordaba. Se le notaba que se consumía con las ganas de contarme algo importante.
-Lo que vi ayer, Aurora, llega para colmar de sentido una vida como la mía. No sé los años que me quedan por vivir, pero ya te digo que voy a concentrar mis esfuerzos en adquirir ese libro.
-Pero ¿de qué libro me hablas?- le pregunté con algo de preocupación, ya que lo veía anormalmente excitado.
Aquella tarde, con la taza de café en la mano, mi padre tenía en sus ojos un brillo del que casi no me acordaba. Se le notaba que se consumía con las ganas de contarme algo importante.
-Lo que vi ayer, Aurora, llega para colmar de sentido una vida como la mía. No sé los años que me quedan por vivir, pero ya te digo que voy a concentrar mis esfuerzos en adquirir ese libro.
-Pero ¿de qué libro me hablas?- le pregunté con algo de preocupación, ya que lo veía anormalmente excitado.
-¿De cual te voy a hablar? Del que tuve ayer en mis manos en la tienda de Antón Louzao, el anticuero de L. ¡Del libro de las infinitas historias!
-El libro de las infinitas historias... Pero, papá, ¿ya estás otra vez con eso? De sobra sabes que ese es un libro que solo existe en la imaginación de alguna gente. ¿Cómo te has dejado engañar, conociendo como conoces a Antón Louzao?
-¡El libro existe,que lo tuve en mis manos! ¡Y yo lo tuve el tiempo suficiente para comprobar que es muy cierto todo lo que se dice de él! (...) El libro debe de tener más de ciento cuarenta años de antigüedad y ya ha pasado por muchos dueños. Según parece, la historia original que contenía no era nada extraordinaria: una aventura de galones y piratas del siglo XVII, un poco a la manera Stevenson. Pero los sucesivos lectores la fueron trasformando y ahora es imposible saber lo que puede contener. Cuando yo lo vi, ayer, contaba la historia de una niña que se marchaba a hacer un viaje por los desiertos de Australia. ¡Algunos párrafos de lo que pude leer eran hermosísimos!
-¿Pero cómo?- le corté-. De ese modo no haces más que introducir un párrafo que no encaja para nada en la historia que está escrita.
-Si solamente cambiaste ese párrafo, tendrías razón, y el texto entero acabaría convertido en un montón de fragmentos sin sentido. Pero es que, desde el momento en que cambia un párrafo, todo el resto de la narración automáticamente se reescribe y se rehace. (...) Mira, imagina que en el libro está escrita la historia de una persona que sube a un tren para ir a visitar a una amiga suya. Pues bien, tú decides cambiar eso, e intervienes en el destino de los protagonistas. Y eliges, por ejemplo, que esa persona pierda el tren; o que el tren descarrile; o que en el mismo vagón viaje otra persona de la que se va a enamorar perdidamente. Y no tienes nada más que hacer. El libro solo, en un momento, cambia todo. Se reelabora por completo en función de la hipótesis que hayas introducido. U siempre, ese es su gran mérito, la historia que resulta es una narración apasionante. (...)
Se comprenderá bien que la excitación de mi padre estaba plenamente justificada, y se comprenderá que también yo desde aquel día participase del mismo sentimiento.


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